
Durante mi vida he tenido ciertas experiencias poco gratas, por no decir fuertes traumas, con el peluquero, uno de estos primeros casos fue cuando tenía 13 años (la primera vez que fui sola a la pelu) y la chica que me cortó el pelo estaba mas pendiente de conversar con su novio que ver lo que me esta sucediendo en mi pobre cabecita, el resultado fue tan tan desastroso que termine en otra peluquería donde trataron de arreglar ese desastre con tan poco éxito… también una vez deje que una amiga experimentará con mi cabeza, tenía también como 12 ó 13 años, no me acuerdo bien, pero al menos no me cobraron por eso.
También ya adulta, y canosa, me ha dado por teñirme, y lo hago yo solita, porque irremediablemente sea quien sea el peluquero, siempre terminó con el pelo color zanahoria. En distintos lugares la historia siempre se repite: converso con él o la peluquer@ en cuestión, le explico que quiero un color natural, todo bien, la primera vez, la segunda también y de ahí a la tercera, no sé que pasa pero ya el color es mas claro, y finalmente termino con un color zapallo en mi cabeza, nada agradable. Y como soy una mujer de costumbre que teme a los peluqueros…confieso que en este aspecto ya no estoy dispuesta a experimentar, LO HAGO YO! Y PUNTO FINAL.
Hubo un tiempo en que fui muy feliz, conocí a Eduardo, él me cortaba el pelo como nunca nadie lo hizo, era un hombre dulce y simpático, lamentablemente murió (de verdad, no es broma) esto produjo toda una crisis familiar, después de todo hasta a mi abuela la llevábamos donde Eduardito, cuento corto después terminamos yendo con una niña que solo se sabia un corte de pelo, íbamos por la vida con mis hermanas totalmente uniformadas.
Acá en Santiago he ido a unas cuantas peluquerías y no encuentro a nadie que me complazca, incluso una vez fui a botar la plata a una peluquería carísima y de lo mas top que hay … y que fue un desastre de proporciones mayores, el tipo nunca se detuvo a mirar que estaba haciendo, tijereteo mi cabeza como quien ataca con furia algún tipo de plaga y nunca paró de transmitir sobre las maravillosas técnicas modernas para cortar el pelo y la gran preparación técnica que él tenía. Otra vez fui a un peluquero bastante bueno, pero que también sufría de verborrea, claro que en este caso era un ataque personal a mi, que como se me ocurría teñirme sola el pelo y lo feo que lo tenía…un tipo de lo mas agradable.
Ahora, ustedes se preguntaran, ¿cómo puedo ser esta tan idiota de no darme cuenta que están haciendo con mi hermosa cabellera? La respuesta es sencilla: SOY IDIOTA!
Todo esto para decir que estoy haciéndome a la idea que en algún momento, quizás no tan cercano, pero tampoco tan lejano… tengo que ir a la peluquería.